Biel Mesquida TRAST entrevistat a Última Hora (24.03.26)

Biel Mesquida: «Siempre me hago amigo de los muertos»

El escritor, Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, presentará su nuevo poemario el próximo 16 de abril en Aba Art Lab

Biel Mesquida, flamante ganador del último Premi d’Honor de les Lletres Catalanes, publica nuevo poemario: ‘Trast’ (LaBreu Edicions) | Foto: M. À. Cañellas

Decía Xavier Antich, presidente de Òmnium, que Biel Mesquida es «cultura, activismo, justicia, país, luz, optimismo y pasión». Lo afirmó el jueves pasado, cuando el mallorquín recibía el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes en reconocimiento a su trayectoria. Una trayectoria que, lejos de menguar, continúa creciendo con un nuevo poemario: Trast (LaBreu). Lo presentará el próximo 16 de abril en la galería palmesana Aba Art Lab junto a Laia Malo, que también hará lo propio con Rum-Rum (Cafè Central).

Ruinas, lluvia, abismo, hoteles… ¿Desde dónde ha escrito este poemario?
— Desde mí mismo, en profundidad. He buscado una escritura que cortara con mi escritura anterior, que mostrara mis visiones desde Mallorca, que ha sido siempre mi laboratorio. Quiero lanzar lo local a lo universal. Me he dejado llevar por las palabras que Alcover pronunció en el Ateneu Barcelonès en 1904, en la conferencia titulada Humanització de l’art. Viene a decir que los que escribimos en catalán tenemos que saber que somos universales, que lo local es universal y que si queremos triunfar fuera fuera debemos conservar el aire de familia de la lengua. Trast es un manifiesto.

Trast es una palabra polisémica. ¿A qué acepción hace referencia el título?

— Es una palabra que se pierde. Estamos perdiendo la lengua. De hecho, en el Principat nadie la conoce y aquí, puede que un diez por ciento. Por eso el primer epígrafe son las ocho acepciones del Diccionari català-valencià-balear. Trast es el libro, es mi localización, Mallorca, y Trast es el planeta. Nos dirigimos a convertirnos en un trast desolado, perdido, sin medio ambiente, humanos, no humanos… Un planeta muerto.

Hablaba antes de ‘manifiesto’, una palabra clave para entender estos poemas, que están empapados de rabia.
— Soy un escritor indignado que quiere contagiar al lector. Es un poemario polifónico, con ocho cantos. Cada uno va in crescendo, pero eso lo produce la propia escritura, que va desde julio de 2025 hasta enero del año pasado. Fue una escritura ininterrumpida, quería que se publicara antes de Sant Jordi. Es necesario, para mí y para la sociedad. La literatura siempre tiene que serlo.

De hecho, de la lectura de este libro se desprende que la única salvación posible es la escritura, la literatura.
— Si todo desapareciera, la literatura tendría que ser lo último. Porque la literatura lo engloba todo, desde textos científicos hasta lenguaje tecnológico. Lo más humano de la cultura es la literatura. La literatura me salva y nos salva. Sin la literatura estaría encerrado en una loquería.

Si hay un lugar recurrente en Trast, ese es el hotel, que es prisión, jaula y laberinto.
— Es que todo se ha convertido en un hotel. Aquí hablo de hoteles en ruinas, en los que no hay ni camareros ni cocineros ni, sobre todo, hospitalidad, que es lo más importante. Todo está en ruinas, pringado de grafitis y plásticos, sin pájaros ni biodiversidad. Es una escenografía del fin del mundo. Todo esto no le importa al gobierno de PP y Vox; tampoco la memoria. Solo favorecen a los ricos y los pobres son cada vez más pobres. Es una infección, sufrimos una xylella urbanística.

«He sacado mucho del Biel Mesquida persona y he mostrado cosas que nunca antes había enseñado»

Lamenta que las guerras no terminan nunca.
— Nací en el 47 y había guerra. Siempre la habido, durante toda mi infancia y juventud. La hubo cuando Franco murió en el 75, en la Transición y en el proceso democrático. Leí que actualmente hay activas 63 guerras. El gobierno actual quiere esconder la guerra incivil del 36 y aún luchamos. En el libro están todas las víctimas, que considero hermanos. La paz es ternura fraternal y debería llenar los cerebros, los corazones y los cuerpos de todo el mundo.

Habla de las milicianas, de Joan Alemany Villalonga… Y conversa con Aurora Picornell.
— Les quiero mucho a todos. He leído muchísima bibliografía y también he hablado con testimonios. Me han servido de faros la obra de Josep Massot, el Diccionari vermell de Llorenç Capellà y Sala Augusta, de Sebastià Alzamora. Siempre me hago amigo de los muertos. Por otra parte, cada libro viene con una postal de Pep-Maür Serra que es una fotografía de una exhumación en el cementerio de Santa Maria. ¡Aún no sabemos dónde están los restos de Josep Alemany Villalonga! No lo puedo comprender, eran tan buenas personas… En vez de esconderse se fue a trabajar y un vecino lo delató.

¿Se ha preguntado qué hubiera hecho en ese contexto?
— Me hubiera escondido o escapado. Y siempre he fracasado, porque la última vez que intenté que un amigo se fuera al exilio no lo conseguí. Era Jordi Sànchez.

¿Qué tiene de especial Trast?
— Cada libro tiene que ser diferente. Siempre hay que luchar con la tentación del autoplagio. He sacado mucho del Biel Mesquida persona y he mostrado cosas que nunca antes había enseñado.

¿Como cuáles?
— El lector ya lo verá.

¿Con la edad se hace más difícil no repetirse?
— La edad guarda un tesoro: la fuerza de la libertad. Lo descubrí con los pintores. Rembrandt pintó unos cuadros extraordinarios al final de su vida. ¡Y Picasso! Me encanta Picasso en su vejez, esos dibujos eróticos… Hay que crear desde la libertad, sin riendas. Por otra parte, he puesto en práctica algo que me suele costar: improvisar. Adoro a Coltrane, Chet Baker, Miles Davis, Billie Holiday… Hay muchas listas y repeticiones; mantras que crean los gurús, que concentran el lenguaje. Aquí hay mucha concentración del lenguaje. Son 140 páginas, pero podrían ser 300. Cada vez que terminaba algunos poemas, los leía en voz alta.

Clara Ferrer, UH Mallorca https://www.ultimahora.es/noticias/cultura/2026/03/24/2595125/biel-mesquida-siempre-hago-amigo-muertos.html

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